Los sonidos de la
GUITARRA POPULAR EN VENEZUELA

Esta selección musical ilustra como único objetivo, el panorama descrito en estos ensayos. Ante la imposibilidad de hacer un recorrido sonoro que contara con todos los intérpretes y compositores, personajes y situaciones socioculturales allí tratados, se decidió buscar un equilibrio entre lo necesario y lo singular. Se privilegiaron obras de difícil acceso, provenientes de discos de diversos formatos –desde 78 rpm al compacto–, algunos sellos ya desaparecidos, producciones independientes, grabaciones inéditas y hasta piezas concebidas para esta ocasión. Se documentan así facetas distintas del uso de la guitarra: solista, acompañante de la voz, conjuntos diversos o al lado de otros instrumentos.

Se cuenta con grupos referenciales, como el trío Cantores del Trópico, cuando reunía a Antonio Lauro, Manuel Enrique Pérez Díaz y Marco Tulio Maristany. También, el dúo de Óscar Espín y Ángel Guanipa, y el trío Arauca, que integraban Óscar Fumero «Fumerito», Miguel Núñez y Oswaldo Espín, acompañando aquí a la cantautora Conny Méndez, con un curioso trabajo de corte crítico a la modernidad que comenzaba. Además, Venezuela 4 cuando Henry Martínez y Lencho Amaro sumaron sus guitarras y creaciones a las de Luis Laguna; y el influyente conjunto instrumental El Cuarteto, con Miguel Delgado Estévez. Destaca un ejemplo de Antonio Lauro, guitarrista-compositor referencial de toda la historia continental, remarcando su experiencia en el ámbito popular, quien al final de su vida respaldó a Esperanza Márquez en un bolero-canción concebido en su juventud, que nunca llegó a escribir. De igual modo, la presencia de Rodrigo Riera, otro grande de las intermediaciones estéticas, quien junto con el guitarrista Ignacio Ramos «Ramito» acompañan a Virginia Luque, en una canción de Eduardo Serrano sobre poema de Aquiles Nazoa, tema de la película La balandra Isabel llegó esta tarde.

Entre los trovadores, remarcando sus distintos orígenes, aparecen surcos de las únicas producciones discográficas de Armando Molero y Alejandro Vargas, este con cuerdas de metal. Mientras que se incluyen los prolijos Andrés Cisneros, con un conocido valse venezolano, y Benito Quirós, en una de sus pocas grabaciones acompañado por guitarras y en un aire llanero de tema costumbrista.

De la riqueza del joropo, quedan representadas dos de las tipologías que documentan su autenticidad venezolana, actuando como solista del instrumento el tuyero Gabriel Rodríguez y el llanero Juan Vicente Torrealba, antes de dedicarse al arpa. Y para profundizar en los bordes de la nación, a través de específicas situaciones sociomusicales, se ofrece un mare-mare kari’ña en su propia lengua y expresando un reproche social; y un calipso antiguo en patuá, grabación del folklorista Oswaldo Lares, nunca antes difundida.

De una genealogía propia, aparece una muestra del trabajo de Domingo Mendoza, quien realizó poquísimas grabaciones como acompañante, con el cantante Julio Anzola; y dos composiciones para este libro de sus principales herederos, Aquiles Báez y Edwin Arellano, en singular papel de solistas.

De la canción política venezolana se escogió una de Santiago Villar, por la peculiarísima condición de que fue grabada de manera clandestina en la cárcel La Pica, en el estado Monagas, en 1976, recluido por su actividad guerrillera.

Para repensar otras estéticas desde Venezuela, y con otras guitarras, se ofrece la de siete cuerdas en manos de David Peña, a dúo con la flauta de Luis Julio Toro, en una canción infantil de Otilio Galíndez. Además, se seleccionaron dos ejemplos de los muchísimos intérpretes del rock y el jazz nacionales. Una balada para cuarteto de Gonzalo Micó, el más prolijo creador de todos, con una guitarra eléctrica archtop, y un arreglo-paráfrasis de una difundida composición de Simón Díaz, con una mirada al futuro y en una guitarra de mango doble y dieciséis cuerdas de metal, ejecutada por su creador Félix Martín.

A través de ellos, se recorre buena parte de la riqueza de regiones y géneros venezolanos, y si bien casi todas las creaciones son de guitarristas-compositores, se suman autores que marcan la renovación de la música popular venezolana del siglo XX, quienes no casualmente fueron guitarristas ocasionales, en particular, Cruz Felipe Iriarte y Eduardo Serrano..

ALEJANDRO BRUZUAL

Repertorio

1. Maremare Kari’ña, Americanito. >>
2. Calipso en patuá, Ambakaila (autor desconocido). >>
3. Joropo tuyero, Palomita ingrata (Gabriel Rodríguez). >>
4. Joropo llanero, Seis numerao (tradicional). >>
5. Aire llanero, Doña riñón (Benito Quirós). >>
6. Golpe guayanés, El sapo (Alejandro Vargas). >>
7. Bambuco zuliano, Destello de amor (Armando Molero). >>
8. Canción, El ave peregrina (Pío Rengifo). >>
9. Valse-merengue, La transformación (Conny Méndez). >>
10. Golpe caroreño, La guerra de los Vargas (autor desconocido). >>
11. Merengue, El frutero (Cruz Felipe Iriarte). >>
12. Merengue, El novio pollero (autor desconocido). >>
13. Canción política, La fuga (Santiago Villar). >>
14. Canción, Esperanza (Eduardo Serrano). Letra: Aquiles Nazoa. >>
15. Bolero-canción, Volver (Antonio Lauro). >>
16. Valse, Atardecer (Lencho Amaro). >>
17. Danza, Tiempo de esperanza (Henry Martínez). >>
18. Canción de arrullo, Mi tripón (Otilio Galíndez). >>
19. Malagueña (Aquiles Báez). >>
20. Bambuco andino, Mi princesa del bosque (Edwin Arellano). >>
21 Balada jazz, La noche que el mar se silenció con tus palabras (Gonzalo Micó). >>
22. Rock fusión, Querencia (arreglo de Mi querencia, Simón Díaz). >>